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LAS POSADAS MEXICANAS

De Fogones y Marmitas

Es la Opinión de Don Héctor Pérez Partida

.- Hubo una época en la historia reciente de nuestro país en que las autoridades de turismo federal impulsaban la preservación  de nuestras culturas nacionales.

En los años setenta del siglo pasado,  el licenciado Miguel Alemán Valdés, entonces presidende del Consejo Nacional de Turismo, no sólo viajaba por el mundo promoviendo el turismo, sino que se preocupaba por mantener nuestras tradiciones y así impulsó varios programas, entre ellos uno que llamó: “Las tradiciones y costumbres nacionales”.

Una de esas tradiciones, las posadas, al igual que la festividad del día de muertos, está asignada en el corazón de los mexicanos bien nacidos como parte de nuestro ser.

Aúnque se pierde entre la historia y la leyenda el origen de las posadas, se cree que los primeros mexicanos que las adoptaron, como parte de sus festividades, fueron los indígenas del siglo XVI.

El investigador Germán Andrade Labastida, sostiene que las posadas nacieron en el pequeño pueblo de San Agustín Acolman, es decir, casi a la sombra de loas pirámides de Teotihuacán, lugar sagrado de nuestros antepasados indigenas.

Asienta que: “Los aztecas celebraban con toda pompa el nacimiento de Huitzilopochtli, (deidad azteca de la guerra)”. Y, según afirma el doctor De la Cerna, esta ceremonia era precisamente en la época de Navidad, por la noche y al día siguiente había fiesta en todas las casas, donde se obsequiaba a los invitados con suculenta comida y una estatua de idolos pequeños hechos con una pasta comestible llamada Zoatl, preparada con maíz azul, tostado y molido, y mezclado con miel negra de maguey.

Pero también hay otras versiones, pues se dice que las Posadas fueron creadas por los religosos Jesuitas y que se celebran en nuestro país desde el siglo XVI. Se dice tambien que las primeras surgieron en Zapotlanejo, en nuestro Estado y que de ahí se propagaron por todo el país.

Otra versión indica que las posadas se iniciaron con las misas de “aguinaldo” que los padres agustinos celebraban en el interior de sus conventos en tiempos de la Colonia.

Posteriormente, de los templos pasó a las haciendas y rancherías que contaban con un oratorio, a las mansiones de potentados y finalmente a las vecindades, adquiriendo su configuración actual a principios del Siglo XIX.

Cualquiera que sea el origen de la festividad lo único cierto es que las posadas son tan mexicanas como nosotros y existen en cualquier lugar donde haya una comunidad de mexicanos.

Aún cuando las costumbres y ritos extranjeros han venido a influir la idiosincrcia del mexicano, la Navidad en nuestro país no morirá porque representa una de las más profundas expresiones adoptadas por el indigena, desde el momento en que conmemoró la llegada del Jesús Niño, con villancicos, letanías navideñas, posadas, nacimientos, piñatas y el uso de la flor de Nochebuena como emblema.

En su libro “Tradiciones Mexicanas” Sebastian Verdi, nos relata como las conmemoraban nuestros abuelos y nuestros padres.

La festividad duraba nueve días del 16 al 24 de diciembre, simbolizando la espera del advenimiento de Jesús y la petición de abrigo y calor humano que María y José hicieran hace más de dos mil años; nueve días en que no faltaba la representación de la Sagrada Familia, las piñatas, colaciones y divertidos bailes para redondear el acontecimiento.

En nuestra familia se ha hecho una tradición, desde hace varios lustros, el pasar la Navidad en el pueblo serrano de Mascota y de igual manera festejar el fin de año alternadamente.

Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos y en los últimos años los novios de nuestras nietas tienen la obligación moral de reunirse con los abuelos para conmemorar las tradiciones ancestrales como parte de su educación, ya que estamos convencidos que si bien la instrucción se recibe en la escuela, la educación es materia de la familia y el lugar es el hogar.

La celebración del ritual de pedir posada con canticos dentro y fuera de la casa es hermosa, pues todos con velas encendidas en las manos entonan las estrofas tradicionales hasta que la puerta es abierta y se procede a degustar el ponche caliente y los buñuelos de rodilla con  miel de piloncillo.

El valor de enseñar a los hijos las tradiciones mexicanas hace que estas se conserven y con ello vivan orgullosos  de su identidad.

La marquesa Calderón de la Barca describe en sus célebres cartas sobre la vida mexicana, la última Posada que una familia de la Ciudad de México celebró hace casi docientos años.

“Esta es la última noche de las llamadas “Posadas”, curiosa mezcla de devoción  y esparcimiento, pero un cuadro muy tierno: un ejercito de niños vestidos como ángeles se unió a la procesión; sus vestidos eran de plumas blancas, profusión de diamantes, de gasa y zapatos de raso blanco bordados de oro.

Jóvenes vestidos de pastores y un magnifico Nacimiento.  Regresamos a la sala, ángeles, pastores y demás invitados, y hubo baile hasta la hora de cenar”.

Nunca importaron los problemas por los que estuviera pasando el país; aún en las épocas de  mayor crísis politica o economica, las familias mexicanas seguían celebrando las fiestas navideñas.

Algunas veces el escenario se reducía a la intimidad del hogar, pero otras, las calles, los zócalos y las plazuelas se convertían en el espacio ideal para reafirmar nuestras costumbres nacionales.

No había familia, por pobre que fuera, que no se animara a ser anfitriona de alguna de las nueve Posadas.

Religiosamente, las nueve jornadas simbolizaban también los nueve meses de embarazo de María.

El simbolismo de la ruptura de la piñata es el siguiente: la olla, revestida vistosamente, representa a Satanás o el “espíritu del mal” que con su apariencia atrae a la humanidad.

La colación que encierra, representa los placeres desconocidos que ofrece al hombre para atraerlo a su reino; la persona vendada, a la fe, que deberá ser ciega y que se encargará de destruir el espiritu maligno.

En conjunto; la lucha que debe sostener el hombre, valiendose de la fe, para destruir las malas pasiones.

Desafortunadamente es lamentable que  la parte religosa de las Posadas se va perdiendo a expensas de la parte social. O se olvide la tradición para adoptar costumbres ajenas que durante los últimos años han venido incidiendo para suplir el simbolico Nacimiento por el árbol de Navidad y la gastronomía tradicional por el pavo importado en lugar de la pierna de cerdo horneada o el delicioso bacalao a la veracruzana que junto con los romeritos con papitas y mole hacían las delicias de las familias mexicanas.

Versos para pedir posada:

1.- En nombre del cielo/ os pido posada, / pues no puede andar/ mi esposa amada. 2.- No seas inhumano, / tennos caridad,/ que el Dios de los cielos/ te lo premiará. 3.- Venimos rendidos/ desde Nazaret,/ yo soy carpintero/ de nombre José.

4.-Posada te pide,/ amado casero/ por sólo una noche/ la Reina del Cielo./ 5.- Mi esposa es María,/ es Reina del Cielo,/ y madre va a ser/ del divino verbo.  6.- Dios pague señores/ vuestra caridad,/ y así os colme el Cielo/ de felicidad.

Versos para dar posada:

1.- Aquí no es mesón/ sigan adelante:/yo no puedo abrir/ no sea algún tunante. 2.- Ya se pueden ir/ y no molestar/ porque si me enfado/ los voy a apalear. 3.- No me importa el nombre/ dejenme dormir,/ pues ya les digo/ que no hemos de abrir. 4.- Pues si es una Reina/ quien lo solicita/ ¿Cómo es que de noche, / anda tan solita?

5.- ¿Eres tu José?/ ¿Tu esposa es María?/ Entren peregrinos,/ no los conocía. 6.- Dichosa la casa/ que abriga este día/ a la Virgen Pura/ la hermosa María.

Despedida de los peregrinos:

Mil gracias os damos/ que en esta ocasión / posada nos disteis/ con leal corazón. / Pedimos al cielo/ que esta caridad/ os premie colmándoos/ de felicidad.

¡Que tengan una feliz Navidad y que la Nochebuena les traiga paz!

Sibarita01@gmail.com

Elsybarita.blogspot.mx

 

 

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